sábado, 3 de octubre de 2009

Armémonos de pasión para construir un Chile digno

Desde hace mucho que Chile es el mundo al revés, donde los barcos guían a los faros en la niebla, las hienas escapan de los conejos y los peces engullen pelícanos. Donde el gobierno pregona la lucha contra la pobreza, pero convierte al país en un paraíso de los ricos. Y nos hablan del nuevo Chile, moderno y desarrollado, mientras cada día que pasa se deshumaniza más al chileno en esta tierra con vista al mar, con 11 millones de celulares, 14 millones de tarjetas de crédito, 3 millones de vehículos, con el 87% de los hogares con televisión a color, el 20% con computador, pero carente de felicidad. Porque, los chilenos están conectados a internet y televisión por cable, pero no están conectados con su condición humana, pues esta la destruyó el consumismo

Es que Chile se ubica entre los países con mayor desigualdad en el mundo, con 500 mil cesantes y 100 mil niños que deben trabajar para ayudar a sus padres sumidos en la pobreza. Y también en la incertidumbre, pues la inestabilidad laboral, los bajos sueldos y el endeudamiento generalizado que agobia y abruma, afecta a la mayoría de chilenos y chilenas.

Es el modelo neoliberal, excluyente y pauperizante, sin embargo un porcentaje significativo de los chilenos lo apoya, ya sea por acción u omisión. Surge la interrogante entonces: ¿Cómo es posible que se esté de acuerdo con el sistema que te explota, te endeuda, te agota, te deshumaniza? ¿Por qué la gente no cuestiona el estado de cosas y se conforma con pervivir en condiciones inhumanas? ¿Por qué el consumo nos consume?

Porque nos han convencido que no hay otro país posible, que no vale la pena organizarse y luchar, que hay que cuidar el trabajo y contentarse con votar por los mismos políticos de siempre cada cinco años. Las mismas ideas, las mismas promesas, las mismas mentiras. Es la democracia descafeinada, sin sabor ni aroma; el Chile de los empresarios, dueños de la educación, la salud, los fondos de pensiones, las carreteras, el agua, la luz, el cobre, la tierra, los bosques. Y quieren ser dueños de nosotros mediante el endeudamiento, la sumisión y el temor. Chile no era así en 1973 y quizás por ello es que hay 2 millones de jóvenes a quienes no les interesa la política.

Pero ha llegado el momento de decir basta: basta a la explotación, la exclusión, la discriminación y la corrupción.

Porque queremos crecer como personas y recuperar la capacidad de asombro, de furia ante la injusticia, la pasión por la vida, por ser nosotros mismos, por cuestionarnos, cuestionar y luchar por la felicidad y el amor. Esta es la pasión que necesitamos, esta es la decisión que necesitamos para cambiar este Chile golpeado por la desigualdad, la pobreza, la mentira, la mediocridad. Esta es la pasión que necesitamos para gritarle al mundo que no todos aquí creemos en el capitalismo, que hay mucha gente digna que se organiza y lucha para cambiarle el rostro de infelicidad a un país que poco a poco se ha transformado en un gigantesco mercado donde todo parece tener un precio.

Así, entre todos, iremos construyendo el sueño de un país distinto, porque no hay tiempo que perder, porque Chile se muere de angustia, porque hay que pensar y actuar en grande. Ahora, pues tenemos el derecho a ser felices.

Por ello queremos construir entre todos un gran movimiento sísmico que remezca las placas tectónicas de la conciencia, que avance, a veces con dificultad, a ratos lentamente, pero siempre con alegría. Claro, porque bajando por cualquier cerro, en medio de la lluvia o enamorándonos fieramente entre pelícanos oceánicos, siempre decimos las cosas por su nombre. Somos hombres y mujeres, gay, lesbianas, bisexuales y trisexuales, estudiantes, trabajadores, artistas, pobres y no tan pobres, mestizos, deudores de todo tipo, indígenas, amantes, vecinos, narigones, gordas, flacos y altos. Somos pocos y somos muchos que, simplemente, queremos contribuir a generar un movimiento capaz de remecer la mediocridad que nos abruma.

Un Movimiento por la Dignidad, por una democracia participativa, por la justicia social, por el respeto a los derechos humanos, la autodeterminación de los pueblos, una América Latina unida e integrada, por la protección del medio ambiente. Por la construcción de poder social ahora, porque todos deben tener igualdad de oportunidades y tener acceso a derechos básicos como la salud, la educación, la vivienda y un trabajo digno. Como sucede en otros países de América Latina donde se transita el sendero hacia una verdadera independencia y soberanía.

Queremos un Chile plurinacional y pluricultural donde se respete a los pueblos originarios y todas las manifestaciones culturales.

Un país donde simplemente la felicidad no se compre ni se venda. Un Chile distinto y digno. Es precisamente dicha dignidad la que hizo que usáramos las armas, la desobediencia civil o la no-violencia para luchar contra la dictadura. Nuestra contribución a su fin no fue superior, pero tampoco menor, que la de otras fuerzas políticas y sociales. La opción que sosteníamos no resultó victoriosa y hemos pagado el precio por ello, siendo excluidos durante todos estos años. Sin embargo, no albergamos rencores, no cuestionamos a nadie por la forma como luchó contra la dictadura. Todos aportamos para lograr la democracia que es un bien por el que nuestro pueblo ha luchado y se ha sacrificado mucho.

Hoy pensamos que debemos actuar en los marcos que las circunstancias históricas han creado y, en ese ámbito, nos queremos hacer parte de un esfuerzo unitario que, cobijado bajo la figura, el ejemplo de dignidad y la lección de honor que nos legara el presidente Allende, construya un Chile para todas y todos los chilenos.

Es que, por sobre todas las cosas, amamos a nuestro pueblo. Somos parte de él, de sus sonrisas, sus anhelos, suspiros y respiros. Es cierto, en este país capitalista cuesta respirar, pero ¡qué más da! como en otros tiempos, como en todos los tiempos, simplemente armémonos de pasión, adentrémonos en el bosque de la historia, desnudemos, lenta o desbocadamente, al Chile de nuestros sueños y hagamos el amor en la noche más hermosa de la Pampa del Tamarugal para preñarse de futuro.

Para lograr esto proponemos:

Democracia participativa

· Convocar a una Asamblea Constituyente que elabore una constitución democrática que garantice la presencia de todos los chilenos y chilenas en la toma de decisiones

· Eliminar el sistema electoral binominal y reemplazarlo por uno democrático

· Inscripción automática y voto voluntario a los 16 años

· Elección directa de intendentes y consejos regionales

· Establecer mecanismo de revocación para todas las autoridades electas

Justicia social y derechos humanos

· Para tener un país solidario y justo, todos los recursos naturales deben pertenecer al pueblo

· Garantizar el derecho al trabajo, con un salario digno y con derecho a la sindicalización y a huelga

· Derecho a una educación pública de calidad que garantice la igualdad de oportunidades para todos

· Una salud pública de calidad que la convierta en un derecho humano básico y no en una mercancía

· Derecho a una vivienda y a un vecindario digno para todos

· Derecho a una pensión digna y solidaria para todos

· Derecho a servicios básicos - agua. luz, gas - de calidad y baratos

· Verdad y justicia en el ámbito de las violaciones a los derechos humanos en dictadura

América Latina unida e integrada

· Fomentar la relación e integración de los pueblos latinoamericanos

· Garantizar la soberanía nacional de una América Latina unida ante cualquier agresión imperialista

Autodeterminación de los pueblos

· Los pueblos originarios poseen el derecho a decidir autónomamente su destino

· Postulamos la concreción de un país multinacional y multicultural donde se respete la diversidad en todas sus expresiones

KÜME FELEN

(Estar bien, en mapudungun. Consigo mismo, con la comunidad, con la naturaleza)

Movimiento por un Chile Digno

MCHD




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